Hans se acerca a la cueva

Hans blandió su hacha con las dos manos y se acercó poco a poco a la cueva. Sus ojos estaban clavados en la oscura entrada, que a primera vista parecía poco acogedora, pero que le prometía unos minutos de descanso. «Tal vez, si hay algo de hojarasca dentro, pueda encender un fuego. Mi amor no agradecerá mi visita si llego a su casa enfermo».

Y, perdido en sus pensamientos, mirando donde no debía, Hans no fue capaz de detectar a la bruja de rostro pálido y garras afiladas que se abalanzó sobre él desde las ramas del roble cercano.

No quedó mucho de Hans más allá de sus ropas y su hacha, pero la bruja Annie durmió esa noche calentita y con el estómago lleno.

Bruja preparando la cena

FIN